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Cómo sobrevivir a la temporada baja en el tatuaje: un mensaje para quienes seguimos aquí

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En los últimos meses muchos tatuadores, desde los que apenas van empezando hasta artistas con trayectoria internacional, han sentido lo mismo: el trabajo bajó. Hay mas espacios entre cita y cita, la gente está gastando menos, los lujos se posponen y el tatuaje aunque es un arte que amamos y respetamos, no siempre entra en las prioridades del cliente promedio y creo está bien reconocerlo. Aceptar esto no significa rendirse; significa entender la realidad sin perder la calma.
Lo que no está bien es que esta situación nos haga dudar de nuestro valor o de nuestros años de esfuerzo. Necesitamos ver la realidad con claridad, sin miedo y especialmente sin culparnos por algo que esta fuera de nuestras manos.

El primer paso para sobrellevar este momento es entender que no estamos solos. A todos nos está pasando, y no, No es un reflejo de tu talento ni de tu compromiso. Es simplemente una etapa del ciclo económico, algo que ya ha sucedido antes y que volverá .

Esto no es nuevo: ya hemos pasado por momentos difíciles

Muchos tatuadores jóvenes no lo recuerdan pero que quienes llevamos más años en el oficio sí lo vivimos. Durante la crisis económica mundial de 2008-2009, cuando Estados Unidos entró en recesión, toda la industria creativa se sacudió. Aunque no recuerdo la fecha exacta, sí recuerdo que que eran los años en los que yo regresaba a Durango y también recuerdo la sensación colectiva de menos clientes, de proyectos pausados y un ambiente de incertidumbre muy parecido al que vivimos hoy.

Lo interesante es que, mientras la economía estadounidense caía, allá surgió una idea muy comentada: que el tatuaje era una industria “recession-proof”, es decir, relativamente resistente a las crisis. Y en efecto, muchos estudios en Estados Unidos lograron mantenerse a flote porque la cultura del tatuaje ya estaba muy arraigada y el público seguía viéndolo como un gasto emocional o identitario, no solo estético.

Pero en México y gran parte de Latinoamérica, la historia fue distinta.
Aquí sí se sintió la baja. La caída de Estados Unidos arrastró consumo, turismo, empleos y servicios. Y en nuestra región ,donde el tatuaje aún no tenía el mismo nivel de normalización y donde la economía depende más del ingreso diario, mucha gente pospuso proyectos, redujo gastos y espació sus sesiones.

Es decir: mientras allá hablaban de resistencia, aquí tuvimos que sobrevivir con ingenio.

Y aun así, vale recordar lo más importante la industria salió adelante.
Muchos tatuadores se adaptaron, refinaron su estilo y encontraron nuevas formas de conectar con la gente.
Cuando la economía se estabilizó, el tatuaje regresó con más fuerza, más respeto y más presencia cultural.

Esa experiencia es la prueba de que ya hemos superado una crisis antes, incluso en condiciones más duras que las actuales.
Y si lo hicimos entonces, también podremos hacerlo ahora.

La economía está golpeando fuerte, y eso afecta a todos: aprendices, artistas con estudios propios, invitados de convención e incluso tatuadores con renombre internacional. Está pasando en México, Estados Unidos, Sudamérica y Europa. No eres tú… es el ciclo económico. Y así como llegan las temporadas llenas, donde no tienes ni un día libre, llegan también estos silencios que parecen eternos.

Pero ese silencio tiene un propósito. A veces el estudio necesita callarse para que tú puedas escucharte.

El silencio también es trabajo: ordenar, rearmar, sanar

La temporada baja, aunque incómoda, y difícil, se puede ver como un regalo disfrazado.
Cuando la agenda está llena nunca hay tiempo para nada: siempre hay un diseño pendiente, un mensaje por contestar, una foto por editar, una historia que compartir, una pieza por terminar.
Y de pronto, cuando baja el trabajo, te encuentras con algo valioso: tiempo.

Tiempo para actualizar tu portafolio con calma, revisar qué trabajos te representan hoy y qué cosas ya no reflejan tu estilo.
Tiempo para limpiar tus redes y mostrar solo lo que realmente quieres tatuar.
Tiempo para ordenar tu estudio, mejorar tu sistema de cotizaciones, ajustar tus políticas, estudiar nuevas técnicas y reencontrarte con la parte del arte que no depende de clientes, sino de tu propia inspiración.

No caer en la tentación de bajar los precios

También considero que es importante no caer en la tentación de bajar precios… y por qué debes resistirla

En los momentos de ansiedad es normal que la primera idea sea bajar precios o llenar la agenda con ofertas. Pero eso nunca resuelve el problema, y casi siempre trae un desgaste emocional enorme.
Lo barato atrae a un cliente que no valora, que exige más y entiende menos. Lo barato te obliga a correr, a hacer más por menos y a desgastarte más rápido.

La solución no es devaluarte, sino profundizar en tu valor.
Compartir tu proceso, tu inspiración, tus influencias culturales, tu disciplina. Mostrar cómo piensas cada pieza. Explicar tus técnicas. Enseñar por qué tu estilo es único. Cuando la gente entiende quién eres y qué haces, la conexión aparece incluso en los momentos más difíciles.

Otro punto a considerar es Volver a la comunidad: el corazón del oficio

La temporada baja también es un buen momento para reconectar con quienes ya han confiado en ti.
Escribirles, agradecerles, compartir recuerdos de tatuajes pasados, contar la historia detrás de alguna pieza importante.
Los clientes fieles no solo regresan: recomiendan, te recuerdan cuando alguien menciona que quiere tatuarse, hablan de ti con cariño.

A veces pensamos que la comunidad solo se construye cuando hay trabajo, pero en realidad se construye mucho más en los momentos en que el artista se muestra humano.

Deja que la creatividad respire

Cuando el flujo de trabajo disminuye, la creatividad puede quedarse estancada si la dejamos encerrada.
Este es el momento ideal para dibujar sin presión, crear diseños libres, experimentar con colores, explorar nuevas influencias, abrir espacio a proyectos personales y desarrollar ideas que siempre pospusiste por falta de tiempo.

Puedes hacer prints, playeras, stickers, colaboraciones, o incluso enseñar lo que sabes. No como un reemplazo del tatuaje, sino como una forma de mantener vivas tus manos y despierta tu mente.

El cuerpo en movimiento también sostiene al artista

Hay otro punto que pocas veces tomamos en serio dentro del mundo del tatuaje, y que para mí se volvió fundamental: el ejercicio y el movimiento.
Nuestro oficio exige mucho del cuerpo: espalda, cuello, hombros, muñecas, vista… todo se carga, todo se tensa, todo se desgasta. Y cuando llega una temporada baja, muchos artistas se quedan quietos, como si el cuerpo y la mente se congelaran al mismo tiempo.

Pero en realidad es al revés:
en los momentos difíciles, el cuerpo necesita moverse más.

En mi caso, algo que ha sido decisivo para sobrellevar la presión del estudio, la ansiedad económica y la incertidumbre del trabajo, ha sido volver al ciclismo de montaña, una pasión que tengo desde joven y que, por años, puse en pausa porque el estudio me absorbía por completo.
Volver a la montaña, al pedaleo, al aire frío, al sonido de la tierra bajo las llantas, me cambió la cabeza. No por deporte, sino por sanidad mental.

La bici me volvió a enseñar algo que el tatuaje también exige:
resistencia, enfoque, paciencia y presencia.
Porque cuando vas en una bajada técnica no puedes pensar en pendientes, ni en clientes, ni en dinero, ni en la agenda. Tu mente entra en un estado donde solo existe el aquí y ahora. Y ese respiro mental es oro en tiempos de presión.

El ciclismo me recordó que el cuerpo no es solo una herramienta para trabajar ,es un lugar donde el estrés se guarda… y donde también se puede liberar.
Cada que salgo a la montaña regreso al estudio más claro, más ligero, más centrado. Y lo noto en la forma de dibujar, de tatuar, de atender a un cliente y hasta de tomar decisiones.

No digo que tiene que ser bici para todos.
Puede ser caminar, correr, nadar, yoga, gimnasio, artes marciales… lo que sea.
Pero el movimiento importa.
Un tatuador sedentario se consume.
Un tatuador que cuida su cuerpo puede sostener su carrera muchos años sin dolor, sin lesiones y sin agotamiento mental.

Y, sobre todo, algo que muy pocos entienden, cuando el cuerpo se activa, el alma del artista despierta.
La creatividad vuelve, la ansiedad baja, las ideas fluyen, el ánimo cambia.
Es tan importante como las agujas, las máquinas, las tintas y el portafolio.
Un cuerpo fuerte sostiene una mente creativa.
Una mente sana sostiene a un artista en tiempos difíciles. Y a mí, personalmente, volver a la montaña me salvó más de una vez.

No ignores tu salud mental

Otro aspecto importante es entender que la parte emocional pesa más de lo que admitimos. En el mundo del tatuaje estamos acostumbrados a aguantar: a soportar largas sesiones, a lidiar con clientes exigentes, a mantenernos creativos incluso cuando el cuerpo está cansado.
Pero hay algo de lo que casi nadie habla: la mente también tiene límites, y cuando el movimiento baja, esos límites se vuelven más evidentes.

La presión económica no es solo dinero: es miedo, es angustia, es cuestionarte si tomaste el camino correcto.
La incertidumbre se siente en el pecho, en la falta de sueño, en los pensamientos que se te repiten sin permiso. Si a esto le agregamos la falta de ruido en el estudio ese silencio que antes era descanso entre sesiones ,ahora puede sentirse como un recordatorio de que algo cambió, como una señal de alarma que tu mente no sabe interpretar.

Pero aquí es donde debes ser más honesto contigo mismo:
esta etapa no define tu valor como artista.
No dice nada de tu futuro ni de tu talento.
No te hace menos tatuador, no te hace menos creativo, no te hace menos disciplinado.

Uno de los errores mas comunes es cuando ese afamado síndrome del impostor te hace confundir una mala temporada con una mala trayectoria.
El tatuaje, como todo oficio que depende del público, tiene ciclos naturales: subidas, bajadas, picos, silencios.
No puedes medir tu carrera por un mes, un trimestre o un año difícil.
Tu carrera se mide por tu constancia, tu visión, tu disciplina y tu capacidad de mantenerte en pie incluso cuando las cosas se ponen duras.

Y ahí está precisamente la parte más bonita y más dura del tatuaje:
es un oficio de resistencia, de fortaleza emocional,
de aguantar la tempestad hasta ver la luz.

Muchos artistas se rinden en la bajada porque creen que la bajada es el final.
Pero quienes deciden quedarse , quienes siguen dibujando, estudiando, creando, cuidando su mente y su cuerpo, son los que después crecen de formas que ni ellos mismos imaginaban.

Cuidar tu salud mental no es debilidad; es estrategia.
Es profesionalismo.
Es autocuidado.
Es reconocer que para sostener tu arte a largo plazo, necesitas que tu mente no se rompa por dentro mientras tus manos siguen trabajando por fuera.

Hablar con otros tatuadores siempre ayuda, compartir tus miedos, reconocer tus emociones, darte un descanso cuando lo necesitas, salir a caminar, buscar apoyo si hace falta… todo eso no te hace menos fuerte. Te hace más humano.
Y un artista humano crea mejor, conecta mejor y sobrevive mejor.

No te castigues por sentirte cansado.
No te juzgues por sentir miedo.
No te compares con el ruido que ves en redes.
Lo que importa no es lo que otros aparentan, sino lo que tú construyes desde adentro.

Esta etapa pasará.
Pero lo que aprendas emocionalmente en ella te va a servir para el resto de tu carrera.

Un reto que también es merito

Como reflexión y para no extenderme en el tema, también es importante mencionar cuando se habla de la situación actual del tatuaje, existe una gran diferencia entre vivir del arte en una gran metrópoli y hacerlo en una ciudad más pequeña como Durango.
Aquí y en muchas ciudades medianas o pequeñas del país, la economía se mueve más lento, los salarios son más bajos y la circulación de dinero es mucho más limitada que en CDMX, Guadalajara o Monterrey.

Cuando la economía se aprieta, en las ciudades grandes se siente… pero en las ciudades pequeñas se multiplica.
Aquí no hay turismo masivo que compense, ni miles de nuevos clientes potenciales cada semana, ni colonias enteras llenas de jóvenes con alto poder adquisitivo. Aquí, cada cliente cuenta. Cada recomendación importa. Y aun así, a pesar de todo eso, el tatuaje en Durango y en muchas ciudades similares ha logrado mantenerse vivo, incluso crecer, y seguir formando artistas con identidad, disciplina y estilo propio. Eso no pasa por suerte: pasa por resistencia, por amor al oficio y por la capacidad de aguantar cuando otros se rinden.

Muchos tatuadores de ciudades grandes quizá nunca han tenido que enfrentar las condiciones que aquí son parte del día a día:
menos población, menos movimiento económico, menos oportunidades externas, menos visibilidad y un mercado donde cualquier cambio se siente como un temblor. Sin embargo, desde estos lugares donde todo cuesta más esfuerzo, siguen surgiendo artistas capaces de competir en cualquier parte del país o del mundo.

Y aquí quiero agregar algo que es una creencia personal, pero que también se vuelve una responsabilidad moral dentro de nuestro oficio:
cada artista tiene la obligación de representar a su estado y hacerlo con calidad, con respeto y con disciplina.
Cuando sales a una convención, cuando compartes tu trabajo online, cuando alguien ve tu trabajo fuera del estado, no te representas solo a ti. Representas a tu ciudad . Representas a los tatuadores de las ciudades pequeñas. Representas a la gente que aprendió a trabajar con menos, pero que entrega más.

Por eso, lo que a veces parece desventaja también es una medalla silenciosa:
si puedes sostener tu carrera en Durango o en cualquier ciudad pequeña puedes sostenerla en cualquier parte.
y repito, para que quede claro: ESTA ETAPA PASARÁ!!!!

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